miércoles, 15 de marzo de 2023

EN MEMORIA DE JESUS

 


Han transcurrido algo más de 2.000 años desde el nacimiento de nuestro Señor. Y, todavía estamos esperando ese mismo tiempo que Sus primeros Discípulos tan ansiosamente anticiparon: el establecimiento del Reino de Dios en manos de su Cristo y por el cual tantos han orado posteriormente.

Aunque no sepamos con certeza cuándo concluirá esta Era Evangélica, podemos estar seguros de que estamos a un año mas cerca, y podemos ver este año, más que en los últimos, que Israel se ha convertido de nuevo en el centro de la atención mundial.

Fue en Israel donde nuestro Señor se dio a conocer por primera vez a unos pocos elegidos. A los pastores que cuidaban de sus rebaños y a tres sabios que viajaron desde lejos buscando al que iba a nacer Rey. Y, más tarde, al comienzo de su ministerio público, a los 12 que serían sus asociados más  cercanos.

A pesar de un ministerio que incluía no sólo maravillosas palabras de vida, sino milagros que no se habían manifestado antes, al final fue despreciado y rechazado por los hombres. Su suerte era una que la nobleza no buscaría. Ni tampoco sería la envidia de los más humildes. Con sus propias palabras Jesús expresó: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”. (Mateo. 8:20)

No sólo estaba desprovisto de prosperidad temporal, sino que todos los días era desafiado por quienes buscaban hacerle daño. Pero, a pesar de ello, dio libremente de su propia fuerza para curar a los enfermos y vendar a los quebrantados de corazón, para dar esperanza a los que estaban en un estado de desesperanza.

Si hubo algo que proporcionó a nuestro Señor una medida de paz y fortaleza fueron quizás aquellas ocasiones en las que pudo hablar con su Padre en oración. Ya fuera en el desierto, en una montaña, en un jardín, o ante la tumba de un amigo querido, procuraba mantener intacta esa línea vital.

Es muy difícil para cualquiera de nosotros apreciar realmente la estrecha relación que Jesús tenía con su Padre. Y, sin duda, fue muy especial para nuestro Señor que Simón Pedro pudiera ver esa relación y declararla con confianza: “Les dijo [Jesús]: Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondió Simón Pedro y dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Respondió Jesús y le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”. (Mateo. 16:15 -17)

Pero esta íntima relación en la oración llegaría a un abrupto final: finalmente sería necesario que Nuestro Señor experimentara una completa separación de su Padre, aquel a quien buscaba complacer, honrar y amar.

No sería de extrañar que sus adversarios hicieran todo lo posible por desanimarle; de hecho, si no hubieran temido a las multitudes, que tomaban a Jesús por profeta, habrían actuado antes... Yendo mucho más allá de intentar ponerle zancadillas y desanimarle, pronto tendrían ocasión de comprobar que era maltratado y perseguido de la manera más ruin. No cabe duda de que esto sería difícil, pero el hecho de que su Padre se distanciara de él era una prueba para su corazón, una prueba que tal vez fuera tan difícil de soportar como los abusos de su ser exterior. 

 

Salmos 22

(Versículos 1-20)

 

Al músico principal; sobre Ajelet-sahar. Salmo de David.

 

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; Y de noche, y no hay para mí reposo. Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres; Esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados. Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía. Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. 10 Sobre ti fui echado desde antes de nacer; Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios. 11 No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; Porque no hay quien ayude. 12 Me han rodeado muchos toros; Fuertes toros de Basán me han cercado.13 Abrieron sobre mí su boca Como león rapaz y rugiente. 14 He sido derramado como aguas, Y todos mis huesos se descoyuntaron; Mi corazón fue como cera, Derritiéndose en medio de mis entrañas. 15 Como un tiesto se secó mi vigor, Y mi lengua se pegó a mi paladar, Y me has puesto en el polvo de la muerte. 16 Porque perros me han rodeado; Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies. 17 Contar puedo todos mis huesos; Entre tanto, ellos me miran y me observan. 18 Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. 19 Mas tú, Jehová, no te alejes; Fortaleza mía, apresúrate a socorrerme. 20 Libra de la espada mi alma, Del poder del perro mi vida.

 

Jesús estaba completamente solo en esta experiencia. Como se expresa en el relato de Mateo, capítulo 26, versículo 56 justo cuando fue aprehendido en el Huerto de Getsemaní: “todos los discípulos le abandonaron y huyeron”.

Él, más que nadie, sabía lo que era estar solo y en soledad. Su vida estaba llena de contradicciones: “Porque considerad a aquel que soportó tal contradicción de pecadores contra sí mismo” (Hebreos 12:3)

Al cabo de pocos días, en su entrada triunfal en Jerusalén, fue recibido con júbilo a los gritos de Hosanna, que significa "salva, te rogamos". Es decir, sálvanos, te lo rogamos. Había una ferviente esperanza de que fuera el Mesías, el que pudiera liberarlos del yugo de la esclavitud romana. Pero esos gritos adquirieron un carácter muy diferente en el Calvario. Fue allí donde se burlaron de él diciendo: “Tú que destruyes el templo y lo reedificas en tres días, sálvate a ti mismo. Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz”. (Mateo 27:40)

Luego estaba Judas. Uno de los 12 discípulos, uno que ostensiblemente era un amigo, uno que fue de la familia del Señor durante esos 3 años y medio. Uno que partió el pan en la misma mesa. Una contradicción que con toda seguridad añadiría aún más dolor: “El que mete su mano conmigo en el plato, ése me entregará”. (Mateo 26:23)

Pero, la mayor contradicción fue que Él, que había tenido tanto cuidado de hacer la voluntad de su Padre, iba a ser crucificado como un blasfemo: “Entonces dije: He aquí que vengo (en el rollo del libro está escrito de mí), para hacer, oh Dios, tu voluntad”. (Hebreos 10:7)

En nuestras mezquinas vidas podemos ver injusticias que se cometen a nuestra costa o a costa de otros. Pero, ¿te imaginas -como Hijo de Dios- lo difícil que sería mantener la boca cerrada en circunstancias tan absurdas para ser llevado como una oveja al matadero?.. “Fue oprimido y afligido, y no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero, y como oveja delante de sus trasquiladores enmudeció, y no abrió su boca”. (Isaías 53:7)

La vida es corta, y nuestro Señor lo sabía mejor que nadie: ¡murió a los 33 años! ¿Cuántos de nosotros planificamos nuestra vida con esa expectativa? Cuando los discípulos se reunieron en el cenáculo  o sala donde celebraron la pascua, estaban inquietos. Después de todo, aquel a quien habían llegado a amar y respetar les había dicho poco antes que se iba a Jerusalén a morir. El mundo actual es muy inestable: "guerras y rumores de guerras" serán el signo de los tiempos para nuestra generación.

Por eso, cuando nos reunimos en esta ocasión, al igual que nuestro Maestro, lo hacemos con la conciencia de que "el tiempo apremia". Parte de la razón para tener esta mentalidad nos la señala el Apóstol Pablo en su carta a los cristianos Hebreos cuando señala: “Por tanto, mientras subsista la promesa de entrar en su reposo, temamos que alguno de vosotros sea juzgado por no haberlo alcanzado”. (Hebreos 4:1)

Hermanos, si alguna vez hubo un momento para "considerarlo" es en esta noche, de acuerdo a Su petición.


EL PAN DE VIDA

La Pascua fue la primera y más importante característica de la Ley de Dios tal como fue dada a su pueblo natural, el Israel carnal. Usted recordará que la primera Pascua ocurrió en Egipto antes de su liberación de la esclavitud y antes de recibir las Tablas de la Ley en el Monte Sinaí.

En el capítulo 16 del Deuteronomio leemos: “Guarda el mes de Abib, y celebra la Pascua a Jehová tú Dios; porque en el mes de Abib te sacó Jehová tu Dios de Egipto de noche.  Sacrificarás, pues, la pascua a Jehová tu Dios, de ovejas y de vacas, en el lugar que Jehová elija para poner allí su nombre. No comerás con ella pan leudado; siete días comerás con ella pan sin levadura, pan de aflicción, porque apresuradamente saliste de la tierra de Egipto; para que te acuerdes del día en que saliste de la tierra de Egipto, todos los días de tu vida”. (Deuteronomio 16:1-3)

Al leer estos versículos reconocemos que la Pascua fue, por intención de Dios, diseñada para ser una lección típica para el cristiano. No es tan inesperado, entonces, como lo fue para el judío que nuestro Señor hiciera la declaración familiar registrada en el relato del Evangelio de Juan: “Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”. (Juan 6:35)

De hecho, desde una perspectiva cristiana, vemos que la noche es la noche del pecado y de la muerte, y que no dura siete días, sino siete largos periodos de la estancia de la Iglesia aquí en la carne, que en conjunto abarcan toda la Era del Evangelio. Esto también es ilustrado en el Libro de Apocalipsis por 7 Iglesias, cada una representando un periodo de la Era del Evangelio.

El judío fue instruido a guardar la Pascua que incluía esta característica del pan sin levadura-"todos los días de tu vida". No debe sorprendernos entonces que nuestra instrucción no sea tan diferente de ser "fieles hasta la muerte." (Apocalipsis2:10)

Estas y muchas otras lecciones, ciertamente son una bendición para nosotros para entender y apreciar mejor cómo Dios y Su hijo, nuestro Señor y Salvador Jesucristo, han atendido a todos los detalles necesarios, no sólo para la instrucción general de la humanidad en la justicia que se llevará a cabo en la Era del Reino, sino para nuestra instrucción en hacer nuestro Llamado y Elección seguros en nuestras vidas individuales.

Nuestro Señor dijo más propiamente, como leemos palabra por palabra en el griego: ... “Yo soy el pan de LA vida”

¿Recuerdas cómo se dirigió Jesús a Felipe? En  Juan 14:6,7 Jesús le dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me hubierais conocido, también a mi Padre habríais conocido; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto”.

Jesús no era sólo el pan de vida, sino el pan de VIDA ETERNA. Y así como le ofreció tal invitación a Felipe, ha hecho lo mismo con cada uno de nosotros. A menudo se ha hecho referencia al pan como el "bastón o sostén de la vida", pero, como todos sabemos, pronto se pasa hambre después de comerlo; por eso Jesús recalcó que el que viniera a él "no pasaría hambre jamás".

El Apóstol Pablo, al llamar nuestra atención sobre este Servicio Conmemorativo, establece una importante conexión: la levadura está asociada al pecado: “Así que, celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con los panes sin levadura, de sinceridad y de verdad”. (1Corintios 5:8)

En consecuencia, cuando leemos las palabras de nuestro Señor es manifiesto que son el epítome de la "sinceridad y la verdad." Se afirma correctamente en Proverbios, que: “La boca del justo es fuente de vida” (Proverbios 10:11).

En la Noche del Memorial se nos pide que nos reunamos para "recordarle".

El pan sin levadura que tenemos ante nosotros es un emblema apropiado de la carne sin pecado de nuestro Señor.

La matzá (también conocida en yidis como matzoh o matzos (que significa: dulce, sin agrio) es un pan ácimo (plano) tradicional de la comida judía, elaborado con harina y agua. Esta es la comida "oficial" del Pésaj (Pascua judía).

Juan 6:51 dice: “Yo soy el pan vivo, bajado del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré ES MI CARNE, la cual yo daré por la vida del mundo”.Juan 15:13 declara: “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”.

Nuestro Maestro es en verdad el verdadero Maná del cielo, del que no sólo nosotros tenemos el privilegio de participar ahora, sino que en última instancia, de acuerdo con el Plan del Padre Celestial, muchos en el mundo también tendrán el privilegio de participar. Pablo lo expresó a los Romanos como: “Justificados gratuitamente por su gracia (es decir, por la de Dios) mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24)

La redención, es decir, ser liberado del pecado, está asociada con el pensamiento de la justificación, es decir, ser hecho justo.En última instancia, todos los que tengan la actitud de corazón adecuada tendrán una relación con su Creador.

Así que, hermanos, al reunirnos esta noche "en el lugar que el SEÑOR escogió para poner su nombre", purifiquemos nuestros corazones de las distracciones mundanas. Y, como Pablo expresó acertadamente: “Pero examínese cada uno a sí mismo, y coma de ese pan y beba de esa copa”. (1Corintios 11:28)

“Porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da vida al mundo”. (Juan 6:33)

Esta escrito que Jesús tomó pan: "Y partiéndolo, dijo: "Tomad, comed; esto es mi cuerpo... que por vosotros es dado: Haced esto en memoria mía". (Mateo 26)


LA COPA DE LOS DOLORES

 

Pablo nos lo recuerda en su carta a los Hebreos: “sin derramamiento de sangre no hay remisión (o perdón de pecados)”. (Hebreos 9:22)

El Israel natural, siguiendo la letra de la Ley, derramó la sangre de toros y machos cabríos, pero no vio la gran necesidad de redención a través de la sangre del Mesías.

Esta copa, que se caracteriza propiamente como copa de dolores, es también una copa que ofrece la promesa de la salvación: “Tomaré la copa de la salvación e invocaré el nombre de Jehová”. (Salmos 116:13)

En el transcurso del ministerio de nuestro Señor, era evidente que él comprendía que su vida sería una vida de grandes pruebas, incluso hasta la muerte. Su vida sería agridulce, como lo es el sabor del vino: agria o amarga por el sufrimiento, dulce porque venció al mundo. Al dirigirse a sus discípulos -incluso a nosotros mismos- plantea una pregunta que insinúa lo que él mismo tendría que soportar: “¿Sois capaces de beber del cáliz (copa) que yo beberé, y de ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?”. (Mateo 20:22)

Ese bautismo sería un bautismo en la muerte, no sólo una muerte ordinaria, sino una muerte extraordinaria. Sería maltratado, golpeado, humillado, escarnecido, escupido, desnudado, crucificado y declarado blasfemo. Todos estos abusos vendrían de su propia gente, incluso de aquellos que pretendían ser los propietarios de las Leyes de su Padre. Es una afirmación mordaz,(critica e irónica), sólo unos versículos más adelante, Jesús dice: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis por FUERA la copa y el plato, pero por dentro están llenos de extorsión y de excesos”. (Mateo 23:25)

Comprender la importancia del ministerio y del sacrificio de Jesús requiere una apertura de corazón y de mente que pocos en su primera venida, y aún menos aquí en su segunda, son capaces de captar. Al dirigirse a la samaritana, respondió Jesús y le dijo: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.  La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacar agua, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo y bebió de él, sus hijos y sus ganados?  Respondió Jesús y le dijo: El que beba de esta agua volverá a tener sed: Pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.  La mujer le dijo: Señor, dame de esta agua, para que no tenga sed, ni venga aquí a sacarla”. (Juan 4:10-15)

Jesús gastó su vida a diario sin tener en cuenta su propia persona. Dio, no hasta que le dolió, sino hasta que le costó la vida…Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. (Juan 6:35)

No fue suficiente que nuestro Señor entregara su perfecta vida humana como rescate, o precio correspondiente, por el Padre Adán; sino que también experimentara el sufrimiento, la ignominia y la vergüenza que estaban asociados con la transgresión de Adán. Desnudez, espinas en la frente, y lo más difícil; el alejamiento del rostro de favor de Su Padre: “Y a la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Marcos 15:34).

Así que no sólo la carne de nuestro Señor fue quebrantada por sus perseguidores, sino que culminó en la muerte, una muerte que fue diseñada para ser lenta y agonizante: la crucifixión.... “despreciado y desechado entre los hombres; varón de dolores, experimentado en quebranto:..." (Isaías 53:3)

Está registrado en las Escrituras que Jesús: “tomo la copa, y dio gracias”... (Lucas 22:17) y los siguientes textos bíblicos nos informan que:

“Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria mía”. (1Corintios 11:25)

“De cierto, de cierto os digo, que si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros”. (Juan 6:53)

“Pero yo os digo que no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre”. (Mateo 26:29)

No olvidemos el regalo que Dios nos ha hecho: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16)…No olvidemos tampoco lo que el Hijo unigénito de Dios realizó en nuestro favor: “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”. (Juan 15:13)



Fecha de la Cena Conmemorativa de 2023

 

La hora apropiada para la celebración anual de la Cena Conmemorativa o Memorial será después de la puesta del sol del martes 4 de abril de 2023.


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